Alcarria Conquense

Culebras

Análisis Historiográfico, Arqueológico y Patrimonial: De la Antigüedad a la Integración Municipal Contemporánea.

1. Archivos Históricos y Documentales: De la Dependencia Concejil a la Autonomía

La reconstrucción de la evolución demográfica, jurisdiccional y socioeconómica de Culebras —históricamente constituida como aldea de la ciudad de Huete y, en la actualidad, entidad local menor o pedanía del municipio de Villas de la Ventosa, en la comarca de la Alcarria Conquense— exige un vaciado sistemático de las principales fuentes documentales de la Edad Moderna y Contemporánea. El análisis de estos legajos permite comprender las dinámicas de poder, la estratificación social y la demografía de los pequeños núcleos rurales de la Meseta Sur a lo largo de los siglos.

El primer gran hito documental de carácter global que arroja luz sobre esta población se enmarca en las Relaciones Topográficas de Felipe IIProyecto estadístico impulsado por Felipe II en el s. XVI para recabar información detallada sobre los pueblos de España., un ambicioso proyecto estadístico y geográfico impulsado por la Corona en el último tercio del siglo XVI. En el contexto de estos interrogatorios, la localidad de Culebras aparece irremediablemente ligada a la jurisdicción de la ciudad de Huete, entidad que dominó política, judicial y económicamente este sector de la Alcarria1. Los documentos de la época filipina evidencian un proceso de patrimonialización del poder local; acuciado por las urgencias financieras derivadas de la política imperial, Felipe II acordó la venta de oficios de regidor con carácter perpetuo en varios núcleos de la órbita de Huete. En los registros se cita específicamente a Culebras y Alcázar de Huete, donde se enajenaron cargos por valor de trescientos ducados cada uno, lo que generó pleitos por parte de los concejos que veían vulnerados sus privilegios tradicionales2.

Panorámica de Culebras
Panorámica de Culebras

A nivel de organización concejil interna, la administración de Culebras como aldea dependiente presentaba peculiaridades jerárquicas. Los documentos históricos revelan que en la localidad existía una estricta graduación entre los pedáneos o autoridades delegadas, distinguiéndose formalmente la figura de un "regidor mayor" de la de un "regidor menor", una bicefalia que estructuraba el control político local bajo la atenta mirada de la oligarquía de Huete4. Posteriormente, en 1787, la villa consta en los registros cartográficos y eclesiásticos como dependiente de la Abadía del Sexmo de Caracena, lo que subraya la compleja red de lealtades señoriales, eclesiásticas y de realengo que vertebraban el territorio conquense3.

Para el siglo XVIII, el Catastro del Marqués de la Ensenada (iniciado en 1749 y con datos consolidados para Culebras hacia 1752) y los Memoriales Jurados de 1735 constituyen la radiografía más exhaustiva de la microeconomía de la aldea. Los memoriales de 1735 identifican a treinta vecinos con la condición de cabeza de familia, quienes declararon bajo juramento la totalidad de sus bienes rústicos y urbanos, incluyendo casas, tierras de labor, huertos, colmenas y cabezas de ganado. Esta declaración permitió tasar el valor de la riqueza local en reales de vellón, la moneda de cuenta de la época1.

Valoración de Bienes (Reales de Vellón) - 1735

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Vecino / Cabeza de Familia Valoración (Reales)
Francisco Martínez González15.565
Juan Lozano11.895
Ignacio Pastor9.037
María López (viuda de Julián Saiz)8.160
Joseph Blanco7.631
Marcos Saiz5.560
Francisco Saiz de la Fuente5.398
Marcos de Mora4.211
Basilio Martínez4.100
Francisco de Barrios3.806
Ángela Saiz (viuda)3.322
María Moreno (viuda)3.300
Cayetano Esparza3.215
Nicolás Esparza2.951
Vicente García2.915
Diego de Ortega2.855
Eugenio Lozano2.505
Francisco Saiz de Saiz2.220
Bartolomé Saiz2.114
Antonia de Ortega (viuda)1.960
Pedro del Ejido1.870
Joseph Moreno1.740
Francisco Esparza1.695
Bernardo Polo1.630
Joseph de Esparza1.626
Francisco Lozano Blanco1.615
José Blanco (menor)1.612
Francisco Lozano Muelas1.610
Francisco de la Fuente1.160
Miguel García1.160

El análisis de este padrón revela una profunda estratificación social. Una reducida élite, encabezada por Francisco Martínez González y Juan Lozano, concentraba el capital agrario, superando holgadamente la barrera de los diez mil reales de vellón. En el extremo opuesto, el estrato inferior de propietarios apenas superaba los mil reales, lo que sugiere una economía de subsistencia altamente vulnerable a las crisis climáticas1. Resulta de singular interés sociológico el notable papel de las mujeres viudas en la gestión del patrimonio. Figuras como María López, María Moreno, Antonia de Ortega y Ángela Saiz constan como titulares y administradoras únicas de la hacienda familiar tras el deceso de sus cónyuges, operando como unidades económicas plenas en un contexto eminentemente patriarcal1.

En el siglo XIX, el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (publicado entre 1845 y 1850) de Pascual Madoz proporciona una visión sombría pero extraordinariamente precisa del núcleo tras el desmantelamiento del Antiguo Régimen. Madoz describe Culebras como un "lugar con ayuntamiento" propio, adscrito al partido judicial, administración de rentas y diócesis de Cuenca, bajo la jurisdicción de la audiencia territorial de Albacete y la capitanía general de Castilla la Nueva5. Su trama urbana se componía de 45 casas "antiguas y casi todas en estado ruinoso y muy separadas o apartadas", distribuidas en torno a una plaza central que albergaba la casa consistorial, la cárcel y un pósito que, sintomáticamente de la decadencia económica del periodo, carecía de capital en ese momento5.

La demografía de mediados del XIX se fijaba en 42 vecinos y 136 almas5. La precaria infraestructura educativa dependía de una escuela de primeras letras para ambos sexos que carecía de dotación estatal; el maestro percibía sus honorarios en especie, consistentes en "dos o tres almudes de trigo" abonados anualmente por cada padre de familia5. La salud pública estaba fuertemente condicionada por el entorno geográfico. Su emplazamiento próximo a la vega del río Mayor (Guadamejud) provocaba la proliferación de enfermedades infectocontagiosas endémicas, descritas médicamente en la época como "tercianas y cuartanas", fiebres palúdicas vinculadas a la presencia de mosquitos en zonas de aguas estancadas5.

Evolución Demográfica (1842 - 1960)

Registros censales del Instituto Nacional de Estadística (INE)

Año del Censo Población de Derecho Población de Hecho Hogares
1842210..58
187729527883
188728829779
189726624865
190026724763
191029628472
192037437677
193038837475
1940 (Máximo)40439482
195035534399
196029727176

La tabla y gráfica evidencian que, tras un estancamiento a finales del siglo XIX, la población experimentó un vigoroso repunte poblacional, alcanzando su cénit demográfico en la posguerra (1940) con 404 habitantes de derecho5. A partir de la década de 1950, la mecanización del campo y la atracción industrial de las grandes urbes precipitaron un declive irreversible, menguando hasta los 297 habitantes en 1960 y provocando, una década después, la disolución del municipio5.

2. Arqueología y Yacimientos: La Logística Minera del Imperio Romano

El subsuelo del término municipal de Culebras alberga una de las secuencias estratigráficas e históricas más densas de la Alcarria Conquense, reflejando una ocupación continua desde la Prehistoria hasta la Antigüedad Tardía. La configuración geológica del valle del río Guadamejud proporcionó un entorno idóneo para el asentamiento humano continuado debido a la disponibilidad de recursos hídricos, las defensas naturales y el control de las vías de comunicación3.

Las prospecciones arqueológicas superficiales y las investigaciones en la zona han documentado una presencia humana muy temprana, atestiguada por restos líticos atribuidos al Paleolítico Inferior. Avanzando en la cronología cultural, la Edad del Bronce tiene su máximo exponente estratigráfico en el yacimiento de Los Rosales. Posteriormente, la Edad del Hierro se manifiesta con rotunda claridad en el Cerro de las Tumbas, un enclave cuya topografía y cultura material sugieren su vinculación a las tipologías de castros o poblados fortificados de altura que dominaban el paisaje prerromano antes de la paulatina asimilación romana3.

No obstante, el yacimiento de mayor trascendencia histórico-científica y densidad material es el Cerro de Valdelosantos. Este paraje atestigua la profunda romanización de la comarca, un fenómeno que no puede entenderse sin la colosal empresa extractiva del lapis specularisConocido como espejuelo. Un tipo de yeso selenítico transparente que los romanos utilizaban como cristal para ventanas e invernaderos. (yeso cristalizado o espejuelo) que enriqueció este sector de la provincia de Cuenca durante los siglos I y II d.C.7. El área de influencia minera estructuró una extensa red de villas, infraestructuras viarias y asentamientos agrícolas de soporte logístico. Epicentros extractivos cercanos, como las impresionantes Cuevas de Sanabrio en Saceda del Río o el pozo minero colmatado documentado en la vecina localidad de Bólliga, dependían del abastecimiento y control ejercido desde núcleos habitacionales adyacentes8.

Vestigios Arqueológicos
Vestigios arqueológicos

En el Cerro de Valdelosantos, las intervenciones y los hallazgos fortuitos han sacado a la luz evidencias de una ocupación de alto nivel. Destacan los fragmentos de estucos decorativos pintados, que indican la existencia de estructuras domésticas de alto estatus, posiblemente una villa rústica orientada tanto a la explotación agropecuaria como a la supervisión administrativa de la cuenca minera. El registro material incluye también copiosos fragmentos de cerámica terra sigillataCerámica romana característica por su color rojo brillante o anaranjado. Funcionaba como vajilla de lujo y es clave para datar yacimientos., el fósil director por excelencia para datar la actividad comercial y doméstica en el Alto Imperio Romano3.

El hallazgo de los Áureos

El hallazgo más excepcional documentado en este cerro lo constituye el descubrimiento numismático de dos áureosMonedas de oro de la antigua Roma, equivalentes a 25 denarios de plata. Solo se utilizaban para grandes transacciones y pagos del estado. (aurei): uno acuñado bajo el mandato del emperador Nerón y otro bajo Vespasiano3. La presencia de moneda de oro en contextos rurales es un indicador arqueológico de suma importancia. Los áureos, equivalentes a 25 denarios de plata, no circulaban en las transacciones cotidianas de pequeño calado, sino que atestiguan un intenso flujo de gran capital. Estas monedas sugieren transacciones vinculadas a la concesión, comercialización o fiscalidad de las minas de lapis specularis, una materia prima ensalzada por Plinio el Viejo en su Naturalis Historia por su transparencia y utilidad para el acristalamiento de las domus y termas imperiales7. El hecho de que ambos áureos correspondan a la dinastía Julio-Claudia tardía y a los inicios de la dinastía Flavia coincide cronológicamente con la fase de máxima expansión de este complejo minero hispano7.

A nivel macroespacial, estos hallazgos refuerzan la hipótesis de la estrecha vinculación de Culebras con la gran urbe celtíbero-romana de Contrebia Carbica, ubicada en el cercano paraje de los Fosos de Bayona (en el término de Huete, a orillas del río Gigüela)10. Contrebia Carbica, considerada la capital o principal oppidum de la etnia de los carpetanos y celtíberos occidentales, fue una ciudad monumental de entre 33 y 64 hectáreas, fuertemente defendida por fosos y murallas, que dominó la red de comunicaciones en la vía que conectaba Cartago Nova (Cartagena) con Complutum (Alcalá de Henares)10. Las investigaciones en Contrebia revelan la existencia de talleres de orfebrería y matrices de bronce para joyería de lujo, evidenciando una acumulación de riqueza sin parangón en la Meseta11. Culebras y el Cerro de Valdelosantos operaron sin duda como satélites agrícolas y logísticos en el hinterland productivo de Contrebia Carbica y, posteriormente, de Segóbriga, sirviendo como nodos en la ruta de exportación del espejuelo hacia el mar Mediterráneo9. La ocultación o pérdida de los áureos en Valdelosantos podría reflejar atesoramientos en momentos de inestabilidad política o ser testimonio directo de la élite local que gestionaba la intermediación minera7.

3. Patrimonio Arquitectónico y Religioso: La Iglesia de la Santísima Trinidad

A pesar de su actual declive demográfico, Culebras preserva un patrimonio histórico-artístico cuya monumentalidad contrasta vivamente con la modesta población que hoy habita la villa. El núcleo de este patrimonio es la Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad, un soberbio edificio renacentista enclavado estratégicamente en lo alto de un cerro, dominando visualmente todo el caserío y el valle circundante14.

Fachada exterior de la iglesia renacentista
Fachada exterior de la iglesia renacentista

La historia constructiva del templo revela una compleja evolución desde una estructura primigenia hasta la imponente fábrica pétrea de la Edad Moderna. Las primeras noticias documentadas se remontan a una visita diocesana de 1569. En aquel momento, los veedores describieron un edificio heterogéneo que contaba con una capilla delantera de mampostería, carecía de torre campanario y presentaba paramentos construidos rudimentariamente en yeso. Se mencionaba que poseía "dos naves" con techumbre de madera, tribuna, sacristía y una reja forjada que protegía la pila del bautismo6. Sin embargo, la pujanza de la comarca a finales del siglo XVI propició la total reconstrucción del recinto. Entre 1579 y 1580 se iniciaron las obras de la actual iglesia, erigida íntegramente en perfecta sillería de piedra arenisca de tono rojizo. Los registros documentales apuntan a la intervención de los maestros canteros Toribio de la Haza y Pedro García Caxigo, siendo este último, con alta probabilidad, el responsable del trazado arquitectónico14.

Arquitectónicamente, el templo se configura como un espacio de nave única dividida en dos tramos regulares, rematados por una cabecera rectangular de ábside liso. La característica espacial más innovadora del diseño es su articulación criptocolateralDisposición arquitectónica donde los contrafuertes (soportes) están metidos hacia dentro del edificio, formando capillas entre ellos, y dejando el muro exterior liso. (utilizando la precisión teórica del historiador G. Kubler, referida al modo constructivo que internaliza los soportes). En este modelo, los recios contrafuertes de sillería no se proyectan masivamente hacia el exterior, sino hacia el interior de la nave, generando en los espacios intermedios profundas capillas laterales. Las caras frontales de estos contrafuertes internos están ornamentadas con semicolumnas cilíndricas adosadas a pilastras rectangulares, que rematan en una cornisa-capitel de orden toscano que recorre todo el perímetro del soporte14. Curiosamente, la fachada exterior (norte y sur) también presenta contrafuertes, pero estos no se corresponden simétricamente con los interiores, evidenciando complejas adaptaciones estructurales durante su ejecución14.

El sistema de cubrición es un alarde de la estereotomía tardogótica y renacentista. Las capillas laterales se cierran mediante sólidas bóvedas de cañón de medio punto. Por el contrario, los tramos centrales de la nave y el presbiterio se engalanan con espectaculares bóvedas de terceletesNervio suplementario de las bóvedas de crucería góticas y renacentistas que va desde los ángulos de apoyo hasta las claves secundarias o ligaduras. con ligaduras rectas. Los nervios de piedra arrancan de la cabeza de las semicolumnas formando elegantes racimos, apoyándose en los ángulos sobre ménsulas decoradas6. En el tramo de los pies se dispone el coro elevado, sustentado por un sotocoro que se cubre con una atrevida bóveda de cañón de perfil carpanel muy rebajado, cuyo arco frontal destaca por el perfecto dovelaje de su sillería14. Todo el conjunto se protege exteriormente mediante una techumbre sustentada por un intrincado sistema de cerchas de madera de pino en formato de tijera y tirante, reforzadas a dos tercios de su altura por nudillos, sobre las que descansan las correas y la tablazón que sostiene la teja cerámica curva14.

Fachada exterior de la iglesia renacentista
Boveda de la iglesia renacentista

El acceso al templo se realiza por la fachada meridional a través de una portada renacentista de cuidada ejecución. Se estructura en dos cuerpos: el inferior presenta un arco de medio punto dovelado con arquivolta cóncava (bocel), flanqueado por dobles pilastras rehundidas sobre pedestales jónicos que soportan un entablamento clásico. El cuerpo superior exhibe templetes piramidales laterales y una hornacina central que alberga un grupo escultórico tallado en piedra de la Santísima Trinidad6. A los pies de este muro sur se levanta la contundente espadaña-campanario, estructurada en tres niveles decrecientes: un primer cuerpo trapezoidal liso, un segundo nivel rectangular con dos vanos de medio punto para las campanas mayores (rematado en pináculos esféricos), y un remate superior también trapezoidal con un hueco para el esquilín, coronado por un frontón triangular14.

El patrimonio mueble del interior cobija tesoros de incalculable valor histórico. La pieza de mayor arcaísmo es, sin duda, la pila bautismal de estilo románico (siglos XII-XIII), único vestigio material de la fase repobladora medieval. Ubicada en una pequeña capilla bajo el coro, es una rotunda obra en piedra de 99 centímetros de diámetro y 100 de altura. El vaso bautismal se divide en una cenefa superior lisa enmarcada por un cordón simple inciso, y una zona inferior decorada con acanaladuras en forma de "gajos", delimitados por bandas planas que simulan ópticamente una arquería rítmica. La tipología la entronca estilísticamente con las pilas conservadas en las cercanas poblaciones de Castejón, Casas de Santa Cruz y Almodóvar del Pinar15.
Pila bautismal
Pila bautismal

El presbiterio está presidido por el retablo del Altar Mayor, una magnífica obra del barroco dieciochesco fechada en 1767. Sustituye a un retablo anterior cuyo dorado fue tasado en 16.000 reales en 1654. El mueble actual, dorado y policromado, consta de banco y dos cuerpos, engalanado con seis lienzos sobre tabla que figuran a los cuatro Doctores de la Iglesia Universal, junto con pinturas dedicadas a San Ildefonso, San Julián, Santiago Apóstol a caballo y San Miguel, coronado por un relieve celestial de la Trinidad6. Asimismo, en el área del crucero se conserva un segundo retablo de datación más temprana (siglo XVII), articulado mediante esbeltas columnas salomónicas de estrías finas6.

La religiosidad popular y la devoción de las cofradías locales trascendían los muros de la parroquia mediante una densa red de ermitas dispersas por el término, hoy en gran medida desaparecidas o arruinadas. Madoz inventarió en el siglo XIX tres ermitas operativas: la de Nuestra Señora del Val (epicentro de la religiosidad mariana y romerías locales), la de San Miguel, y la de Santa Ana, cuyo recinto perimetral fue readaptado como cementerio municipal. Los cronistas contemporáneos, como Guillermo Fernández Rabadán, también referencian la existencia pretérita de la ermita de San Diego5.

4. Evolución Jurídico-Administrativa: Del Realengo Hueteño a Villas de la Ventosa

El derrotero administrativo de Culebras ejemplifica el paradigma de la evolución jurisdiccional de los micro-municipios de la Meseta Central, marcados por ciclos de dependencia, emancipación y posterior contracción obligada.

Durante la Baja Edad Media y el transcurso de toda la Edad Moderna, el lugar de Culebras operó jurídicamente como una aldea sujeta al poderoso concejo y tierra de la ciudad de Huete1. La capital hueteña ostentaba la potestad jurisdiccional, designando a los cargos superiores, administrando la alta justicia y regulando el aprovechamiento mancomunado de los vastos recursos madereros y ganaderos del territorio, mientras que el gobierno de proximidad en Culebras recaía en pedáneos o regidores de segundo orden ("regidor mayor" y "regidor menor")4.

La implosión de los lazos señoriales y del sistema jurisdiccional del Antiguo Régimen, propiciada inicialmente por la legislación de las Cortes de Cádiz y materializada definitivamente por la división provincial de Javier de Burgos en 1833 (bajo la regencia de María Cristina de Borbón), posibilitó que Culebras se constituyera formalmente como un "lugar con ayuntamiento" plenamente independiente5. Esta emancipación liberal dotó al municipio de competencias exclusivas sobre sus "bienes de propios", que incluían el monte denominado Tejado (el monte de los Barrancos era otra superficie forestal local), un molino de harina, una incipiente red de hornos y la gestión directa de las subastas de los pastos invernales5. Como evidencia de su pujanza relativa en los albores del Estado liberal, las series censales reflejan que entre 1842 y 1857 el ayuntamiento de Culebras absorbió institucionalmente al núcleo vecino de Valdecañas, anexionando su territorio y población en un esfuerzo por garantizar la viabilidad económica y el reclutamiento fiscal y militar requerido por el Estado5.

Esta independencia municipal se mantuvo a lo largo de un siglo, atravesando las turbulencias de la Restauración, la Segunda República y la posguerra. Sin embargo, la profunda crisis sistémica del modelo agrosilvopastoril tradicional frente a la Revolución Verde y el desarrollismo industrial impulsado en España a partir de la década de 1960 provocaron un vaciamiento demográfico radical en la Alcarria. La merma de habitantes dejó a los consistorios carentes de ingresos tributarios básicos, imposibilitando la prestación de servicios mínimos.

Ante este colapso estructural, la administración franquista articuló un plan de reagrupamiento territorial y supresión de micro-municipios. Se fomentaron procesos de fusión forzosa o, como en este caso, tramitados oficialmente como una anexión voluntaria. Mediante el Decreto 1430/1970, fechado el 8 de mayo de 1970 y promulgado en el Boletín Oficial del Estado (BOE núm. 125) el 26 de mayo de ese mismo año, se aprobó definitivamente la fusión voluntaria de los términos municipales de La Ventosa, Bólliga, Culebras, Fuentesbuenas y Villarejo del Espartal18. Esta amalgama administrativa dio origen a un nuevo macro-municipio territorialmente extenso (145 kilómetros cuadrados) que adoptó el nombre de Villas de la Ventosa, situando su capitalidad en el núcleo de La Ventosa5. Desde ese decreto de 1970, Culebras perdió su ayuntamiento propio, pasando a ostentar la categoría jurídica de pedanía o entidad de ámbito territorial inferior al municipio5.

5. Cartografía Histórica y Planos Antiguos: Geografía Física y Vías Pecuarias

El análisis del registro cartográfico histórico y los deslindes topográficos conservados en los repositorios del Instituto Geográfico Nacional (IGN), el Centro Nacional de Información Geográfica (CNIG) y la Mapoteca del Archivo Histórico Nacional, permite rastrear la fosilización de las fronteras agrarias y el diseño de la red viaria secular de Culebras.

El eje hidrográfico y vertebrador del término, que dibuja la morfología del fondo del valle, es el cauce del río Guadamejud, frecuentemente apelado en la cartografía y diccionarios decimonónicos como "río Mayor"5. Este curso fluvial, de dirección este a oeste, presentaba un régimen hidrológico de marcada estacionalidad; las fuentes históricas relatan que durante el riguroso estío manchego llegaba a interrumpir su corriente por completo5. El deslinde perimetral clásico del municipio de Culebras configuraba una demarcación que confinaba al norte con las tierras de Bólliga; al sur con los términos de Cuevas de Velasco y Villar del Saz de Navalón; al este con la vecina Valdecañas (estando parte de su linde definida por el eje fluvial del Guadamejud); y al oeste con la cabecera comarcal de La Ventosa, situándose todos estos núcleos a una distancia radial aproximada de media legua5.

Desde el punto de vista geomorfológico, las descripciones decimonónicas de Madoz y los alzamientos cartográficos coinciden en definir un paisaje topográficamente quebrado, compuesto por "varios cerritos" que flanquean la vega húmeda5. Este cerco de pequeñas elevaciones boscosas ("arboledas de olmos negros, álamos blancos") protegía el caserío de los vientos dominantes de la meseta, generando un microclima local inusualmente benigno para los rigores de la Alcarria5. La naturaleza litológica del terreno se caracterizaba como "floja, árida, de secano e infértil", condicionando un parcelario altamente atomizado5.

El tejido conectivo intramunicipal y extracomarcal se basaba en una red de "caminos locales y de herradura", infraestructuras sin pavimentar aptas únicamente para la tracción animal y el paso de caballerías que lastraban la comunicación con los mercados de Cuenca capital5. La vocación eminentemente ganadera de Culebras —que superaba las 500 cabezas de ganado ovino y caprino a mediados del siglo XIX— se refleja en los planos catastrales a través de la densa malla de vías pecuarias, descansaderos y coladas5. El término se ve surcado y tangencialmente influenciado por el trazado maestro de la Cañada Real de Beteta, un milenario cordel de trashumancia que desciende desde la Serranía conquense para buscar los pastos de invierno a través del valle del Guadamejud8. Las laderas circundantes, descritas en 1845 como montes "vestidos de carrascas y chaparras", constituían la despensa de ramoneo del ganado y el coto de caza frente a los depredadores ("zorras, lobos")5.

6. Heráldica, Genealogía y Apellidos Locales: Redes de Poder y Linajes de Huete

El estudio de la genealogía local en Culebras durante el Antiguo Régimen, analizado a la luz de los padrones fiscales y registros parroquiales, desvela la consolidación de una oligarquía rústica fuertemente endogámica que monopolizó la propiedad de la tierra y los escasos resortes de la representación municipal.

Los Memoriales Jurados de 1735 exponen el arraigo de linajes troncales que estructuraban el mapa demográfico del pueblo a través de sólidas redes consanguíneas y alianzas matrimoniales. Entre los apellidos hegemónicos se detecta la preeminencia de los Saiz (representados por figuras como Marcos Saiz, Bartolomé Saiz, Francisco Saiz de la Fuente, Francisco Saiz de Saiz y las cuantiosas herencias de las viudas de Julián y otros miembros del clan). Igualmente dominantes eran los Lozano (Eugenio, Juan, Francisco Lozano Blanco, Francisco Lozano Muelas) y los Esparza (Cayetano, Nicolás, Joseph, Francisco), familias que controlaban los mayores capitales agropecuarios de la aldea1.

En el ámbito de la nobleza local y la hidalguía, la documentación conservada en la Sección de Nobleza y en las Salas de los Hijosdalgo atestigua los fluidos movimientos sociales de estas élites dentro del radio de influencia de la ciudad de Huete. Huete fue un histórico crisol de linajes nobiliarios y familias conversas que, enriquecidas mediante el comercio o el arrendamiento de rentas reales, iniciaban complejos procesos de ennoblecimiento acudiendo a los tribunales del rey para obtener cartas ejecutorias de hidalguía25. Aunque los habitantes de la aldea de Culebras eran mayoritariamente labradores del estado llano o pecheros, las tierras de su jurisdicción estaban frecuentemente en manos de estas élites urbanas25.

Las actas criminales de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid documentan pleitos que, directa o indirectamente, aluden a las propiedades del entorno. Resulta ilustrativo un litigio tramitado entre 1796 y 1797 por el delito de injurias interpuesto por Pedro Hernández Montejo, comerciante con rango e influencias, contra los yeseros José Velasco y Julián Bayón. El altercado físico y verbal, que llegó a instancias del Alto Tribunal de Valladolid, se produjo mientras se custodiaban unas viñas propiedad del querellante emplazadas en el paraje conocido toponímicamente como el "pago de las Culebras"27. Aunque este documento no es estrictamente probatorio de una hidalguía local del pueblo conquense (dada la homonimia de pagos vitivinícolas en la órbita de actuación del tribunal), evidencia la capacidad de los rentistas y propietarios rústicos para movilizar el aparato judicial de la Corona en defensa de su patrimonio periférico27.

A nivel institucional y sigilográfico, la localidad de Culebras careció históricamente de armas propias refrendadas por los cronistas reyes de armas de la monarquía, utilizando habitualmente en sus actas consistoriales un sello en seco o de tinta con la escueta inscripción de su alcaldía. No obstante, el apellido toponímico "Culebras", de profundo raigambre castellano y esparcido durante la repoblación medieval, cuenta con un blasón documentado por los heraldistas compuesto por un escudo en campo de plata, cargado con un águila exployada de gules que empuña amenazante una espada en su garra diestra28.

En la época contemporánea, tras la fusión municipal, el ayuntamiento matriz de Villas de la Ventosa adoptó un escudo oficial de nueva creación para solventar el vacío heráldico. Este emblema, diseñado exhaustivamente por el historiador y Cronista Oficial de Villas de la Ventosa don Guillermo Fernández Rabadán, fue concebido con el propósito integrador de aglutinar representativamente los símbolos y la historia comunal de todas las pedanías anexionadas en 197029.

7. Etnografía, Leyendas y Tradiciones: El Topónimo, la Peste y San Sebastián

El patrimonio inmaterial de Culebras se fundamenta en un acervo etnográfico forjado por siglos de aislamiento relativo, las inclemencias del clima alcarreño y el profundo catolicismo popular de base rural. El ciclo festivo anual tiene su máxima expresión durante la canícula estival, celebrándose sus fiestas patronales el tercer fin de semana de agosto en honor a su patrona protectora, la Virgen del Val5.

Fachada exterior de la iglesia renacentista
Virgen del Val

La veneración de la Virgen del Val, cuyo epicentro cultual se localiza en la antigua ermita homónima situada a extramuros, hunde sus raíces en la leyenda etiológica más arraigada de la localidad. La tradición oral, compilada y sancionada por los cronistas provinciales y locales, relata la trágica existencia pretérita de una aldea contigua denominada "El Val". Según el corpus mítico, este asentamiento fue devastado sin compasión hasta su absoluta despoblación por un virulento brote de peste bubónica o "morbo negro" durante las epidemias medievales o modernas. Ante el avance inexorable de la calamidad hacia las casas de Culebras, los vecinos aterrorizados invocaron la protección de San Sebastián —mártir romano reverenciado como el principal santo apotropaicoQue tiene la supuesta virtud de alejar el mal, proteger contra los malos espíritus o curar enfermedades epidémicas. contra las pestilencias en toda la cristiandad europea— mediante solemnes rogativas. Las actas de fe se acompañaron de atávicos sahumerios purificadores, quemando masivamente ramas de sabina (una conífera local de intenso aroma resinoso) para "limpiar" los humos miasmáticos que, según la ciencia precientífica, portaban el contagio5. La invicta fe local sostiene que este ritual alejó definitivamente la enfermedad, cimentando para la posteridad a San Sebastián como glorioso co-patrón del pueblo, y asimilando a la Virgen del Val como heredera espiritual y custodia de la memoria de los pobladores fenecidos en la vecina aldea5.

Por último, el propio topónimo "Culebras" obedece a un innegable origen zootopónimoNombre propio de un lugar (topónimo) cuyo origen etimológico proviene directamente del nombre de un animal.. Deriva de la constatada abundancia de estos ofidios en las áridas laderas y cerrillos calizos que flanquean el término33. En el rico contexto antropológico e inmaterial de la provincia de Cuenca, la culebra y los reptiles en general ostentan un papel profundamente ambivalente y mágico en la cultura agropastoril33. Por una parte, las leyendas rurales estigmatizaban a los ofidios (culebras y víboras) como criaturas demoníacas capaces de hipnotizar a sus presas y a los humanos, e incluso protagonizaban mitos de succión donde se les acusaba de robar la leche de las ovejas lactantes y de las mujeres puérperas en los lechos34. Por otra parte, la pragmática sabiduría campesina reconocía su valor biológico. Los testimonios etnográficos recogidos en la región relatan la existencia de especialistas rurales, descritos como "personas con gracia", individuos que poseían un supuesto don esotérico o destreza innata para capturar culebras vivas utilizando exclusivamente la mano izquierda, sin sufrir mordeduras. Los agricultores más experimentados, conscientes de las devastadoras plagas de ratones y topillos que arrasaban los campos de azafrán y el cereal, capturaban deliberadamente estos reptiles no venenosos para liberarlos en sus eras y huertos como controladores naturales de plagas, integrándolos orgánicamente en el precario equilibrio del ecosistema agrario33. Este ecosistema semisalvaje —habitado por "animales dañinos" según la cruda catalogación del siglo XIX de Pascual Madoz— terminó por condicionar el imaginario colectivo de una comunidad que asimiló la dureza geológica de la Alcarria a su propio nombre5.

A modo de recapitulación, la exégesis de las fuentes documentales en torno a Culebras revela el arquetipo inalterable de los asentamientos rurales del corazón de la Península Ibérica: desde un dinamismo económico y logístico rotundo en los siglos imperiales de Roma, sustentado en la red extractiva del lapis specularis y avalado por el inusual hallazgo de los áureos de Nerón y Vespasiano, hasta un férreo encuadramiento jurisdiccional bajo la órbita de Huete durante el Antiguo Régimen. La tardía emancipación decimonónica, evidenciada por la vitalidad comunal en la gestión de sus montes y bienes de propios, no fue óbice para resistir el implacable embate del éxodo rural, culminando en la asimilación municipal de 1970. El legado de Culebras, perennizado en la sobria majestuosidad de la iglesia de la Trinidad y en su rica tradición etnográfica, subraya la resiliencia de la memoria local en la Alcarria Conquense.

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